Ediciones Diotima
Lectura y escritura –o a la inversa– van de la mano a todas partes. Como editores, debemos encontrar, para determinada escritura, un lector lúdico. Un arqueólogo que ame excavar entre capas de sentido. Diletante. Desenfadado. Incluso risueño. Y para ese lector, como celestinos incorregibles, una escritura arriesgada, polisémica; llena de misterio, pero también superficial, liviana: una sustancia casi ingrávida capaz de penetrar los intersticios, de hacerse amiga de lo aparente de una cosa para mostrar mejor su espesor y sus secretos. El contraste, la inteligencia, el juego son amigos de la ficción. La trama, un aglutinante. Queremos provocar una pasión. Una pareja longeva e impúdica entre lector y escritura. Cueste lo que cueste. Y si ese costo es el calloso, anquilosado sentido común, mucho mejor.
J. B. Alberdi 965, 1ro. 4
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